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La capital de la isla, Palma, tiene un pequeño núcleo urbano que se organiza a partir de la catedral, un laberinto de estrechas callejuelas empedradas llenas de turistas y pobladas de hoteles. Lo mejor es visitar esta zona a pie para apreciar todo y perderse tranquilamente. El reino de Mallorca ha dejado aquí las huellas de su prosperidad y de su predilección por el arte gótico. Lo demuestran sus mayores bellezas: La Catedral, La Llotja y el Castillo del Bellver. Jaime I fue el patrocinador de la catedral, su idea fue pagar la promesa a la virgen que lo trajo a puerto sano y salvo; nadie le dijo que su promesa tardaría en construirse 400 años. La mejor vista de la Catedral, se ve desde el Parque del Mar, durante el atardecer.
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